Edgar MORIN Articular los saberes ¿Qué saberes enseñar en las escuelas?
La siguiente entrada es una síntesis textual del autor mencionado.
Introducción
Raúl D. Motta
Edgar Morin denomina el
“pensamiento complejo” identificando el antagonismo entre las distintas maneras
de pensar sino también, las complementariedad inmersas en ese antagonismo, sus
lógicas subyacentes y los “vasos comunicantes” inmersos en la organización
social, la naturaleza y el complejo sujeto humano.
Yo diría que el
pensamiento complejo es ante todo un pensamiento que relaciona. Es el
significado más cercano al término “complexus” (lo que está tejido en
conjunto). Esto quiere decir que en oposición al modo de pensar tradicional,
que divide el campo de los conocimientos en disciplinas atrincheradas y
clasificadas, el pensamiento complejo es un modo de “religazón” (religare)”[1]
Morin cuando hace
referencia al método dice que no puede formase más que durante la búsqueda,
solo puede formularse después, en el momento en que el término del camino
vuelve a ser un nuevo punto de partida. Para él, el único conocimiento
verdadero es “aquel que se nutre de incertidumbre” y que es aquel que se
mantiene a la temperatura de su propia destrucción”[2]
El eje del enfoque de
Edgar Morin sobre la reforma educativa radica en la necesidad de que el cuerpo
docente se ubique en los puestos más avanzados de la transformación del
contexto actual, que consiste en un liderazgo y en un temple cultural capaz de
transitar en la incertidumbre. Como señala e “introducción al Pensamiento
Complejo”, es necesario prepararse para lo inesperado, por lo tanto, no se
trata de entender la complejidad como una receta para conocer lo inesperado,
sino de un estado de prudencia y atención que no nos deja dormirnos en la
mecánica aparente y trivial de los determinismos. El pensamiento complejo no
rechaza lo simple, el orden, la claridad y el determinismo, sino que es conciente
de que son insuficientes para conocer el mundo y al hombre.
El pensamiento complejo es
una estrategia para superar la “inteligencia ciega”, y puede articularse sobre
la base de tres principios que Morin ha reelaborado a lo largo de su obra,
estos son: el principio dialógico, el principio recursivo y el principio
hologramático
Conferencia de
prensa realizada el 8 de enero de 1998, en el Ministerio de Educación.
Edgar Morin
Una reforma del
pensamiento está en marcha, “me” fundamento en tres procesos históricos:
1)
La emergencia de las ciencias que se las puede
denominar polidisciplinarias.
2)
El retroceso de las concepciones reduccionistas que
creían que el conocimiento de unidades de base era suficiente para conocer los
conjuntos y las totalidades.
3)
La toma de conciencia de las realidades complejas,
después del derrumbe del dogma determinista, de religar.
La reforma que yo
consideraría no tiene por objeto suprimir las disciplinas, por el contrario,
tiene por meta articularlas, religarlas, darles una vitalidad y una fecundidad
Articular las
disciplinas.
Edgar Morin
Una disciplina puede ser
definida como una categoría que organiza el conocimiento científico: ella
instituye la división t la especialización del trabajo y responde a la
diversidad de los campos que abarcan las ciencias.
La organización
disciplinaria se instituyo en el siglo XIX, particularmente con la formación de
las universidades modernas, luego se desarrolló en el siglo XX con el impulso
de la investigación científica.
La disciplinariedad
delimita un campo de competencia sin el cual el conocimiento se fluidificaría y
se volvería vago; por el otro lado revela, extrae o construye un “objeto” digno
de interés para el estudio científico”. Sin embargo, la institución
disciplinaria arrastra a la vez un riesgo de hiperespecialización del
investigador y un riesgo de “cosificación” del objeto estudiado, luego uno
corre el riesgo de olvidar que ha sido extraído o construido desde el momento
en que es percibido como una cosa en sí.
Es al mismo tiempo la
historia de la formación de
complejidades donde diferentes disciplinas se agregan y se aglutinan. Dicho de
otro modo, si la historia oficial de la ciencia es aquella de la
disciplinariedad, otra historia a la que está ligada e inseparable, es la de la
“inter-trans-poli-disciplinariedades”
Desde diferentes
horizontes llega la idea de que orfen, desorden y organización deben ser
pensados conjuntamente. La misión de la ciencia no es solamente rechazar el
desorden de estas teorías pero sí de tratarlo. No es más la de disolver la idea
de organización, sino la de concebirla e introducirla para federar las
disciplinas parcelarias.
La interdisciplinariedad
puede significare simplemente que diferentes disciplinas se reúnen. Pero
interdisciplinariedad puede también querer decir intercambio y cooperación, y
devenir así en algo orgánico.
La polidisciplinariedad
constituye una asociación de disciplinas alrededor de un proyecto o de un
objeto que les es en común.
La transdisciplinariedad
se caracteriza a menudo por esquemas cognitivos atravesando las disciplinas, a
veces con una virulencia tal que las deja en estado hipnótico.
Nosotros debemos “ecologizar”
las disciplinas, es decir tener en cuenta todo lo que les es contextual,
incluyendo las condiciones culturales
sociales. También lo que está más allá de las disciplinas es necesario a
la disciplina misma si un no quiere que ella se automatice y esterilice.
La antigua y la
nueva transdisciplinariedad.
Edgar Morin
Nosotros sabemos que las
disciplinas se encierran, donde los fenómenos son cada vez más divididos, sin
que uno llegue a concebir su unidad. Está es la razón por la que se dice
“hagamos interdisciplinariedad”. Cada disciplina entiende que primero debe
hacer reconocer su soberanía territorial
y, al precio de algunos intercambios, las fronteras se confirman en lugar de
derrumbarse.
Hay que ir más lejos, aquí
aparece el término “transdisciplinariedad”. El verdadero problema no es pues
“hacer transdisciplinariedad”, sino “¿Qué transdisciplinariedad se debe
hacer?”. Aquí tenemos que considerar el estatuto moderno del saber. El saber es
concebido en un principio para ser reflexionado, meditado, discutido, criticado
por los espíritus humanos responsables, o bien ¿está concebido para ser
almacenado en bancos informáticos y computarizados por instancias anónimas y
superiores a los individuos?
Aquí hay un problema
previo a toda transdisciplinariedad, el de los paradigmas o los principios de
determinación/control del conocimiento científico. Creo que nosotros vivimos
sobre la base de principios que hemos identificado en modo absoluto con la
ciencia, y que de hecho corresponde a su edad “clásica” (s. XVIII-XIX) y estos
son los que hay que transformar. Han sido formulado por Descartes: es la
disociación entre el sujeto (ego cogitans), que remite a la metafísica, y el
objeto (res extensa) extraídos de la ciencia. La exclusión del sujeto se
efectúa sobre la base de que la concordancia entre experimentación y
observación de diversos observadores permitía llegar a su conocimiento objetivo.
Pero se ignoro completamente que las teorías científicas no son el puro y
simple relejo de las realidades objetivas, sino que son el coproducto de
estructuras del espíritu humano y de las condiciones socioculturales del
conocimiento. Es por ello que se llegó a
la situación actual donde la ciencia es incapaz de pensarse a si misma
científicamente, incapaz de determinar
su lugar, su rol en la sociedad, incapaz de prever si lo que saldrá de su
desarrollo contemporáneo es el anonadamiento, servidumbre o la emancipación.
La disyunción
sujeto/objeto es un de los aspectos esenciales de un paradigma más general de
disyunción/reducción, el pensamiento científico está disjunto de realidades
inseparables sin poder vislumbrar su alzo, es decir las identifica por reducción
de una realidad más compleja a una realidad menos compleja.
Por lo tanto, nos hace
falta para promover una nueva transdisciplinariedad, un paradigma que
ciertamente permita distinguir, separar, oponer, luego desjuntar relativamente
estos campos científicos, pero que además pueda comunicarlos sin que opere la
reducción. El paradigma que yo llamo simplificación (reducción/disyunción) es
insuficiente y mutilante. Es necesario un paradigma de complejidad, que a la
ves disjunte y asocie, que conciba los niveles de emergencia de la realidad sin
reducirlos a la unidades elementales o las leyes generales
A diferencia de un
Descartes que partía de un principio
simple de verdad, es decir identificaba la verdad a las ideas claras y
distintas, y por allí proponía un discurso del método de algunas páginas, yo
hago un muy largo discurso en la búsqueda de un método que no revele la verdad
por ninguna primera evidencia, y debe elaborarse en el esfuerzo y el riesgo. La
misión de este método es dar fórmulas programáticas de un pensamiento “sano”.
Se trata de invitar a pensar uno mismo en la complejidad. No es dar una receta,
es fortificarnos en la lucha contra la enfermedad del intelecto –el idealismo-
que cree que lo real puede dejarse encerrar en al idea y termina por considerar el mapa de
la I.G.N. como si fuera el territorio, y
contra la enfermedad degenerativa de la racionalidad, que es la
racionalización. La cual cree que lo real puede agotarse en un sistema
coherente de ideas
Por una reforma
del pensamiento.
Edgar Morin
El contexto determina el
conocimiento
Un conocimiento solo es
pertinente en la medida en que se sitúa dentro de un contexto. La palabra
polisémico por naturaleza, toma su sentido una vez insertada en el contexto. El
propio texto toma su sentido en su contexto. Así una información solamente
tienen sentido dentro de un concepto o una teoría. Así mismo, un acontecimiento
solo es inteligible si se lo puede reconstruir dentro de condiciones
históricas, sociológicas u otras.
Uno puede entonces deducir
que es primordial aprender a contextualizar y mejor aún a globalizar, es decir
situar un conocimiento dentro de un conjunto organizado.
La cultura de la cual yo
quiero hablar es las llamadas humanidades, basada en la historia, la
literatura, la filosofía, la poesía y las artes. En el fondo, enseñaba la
aptitud hace la apertura y al mismo tiempo la aptitud a contextualizar. Es más,
ella favorecía la capacidad de reflexionar, de meditar sobre el saber y
eventualmente de integrarlo dentro de su propia vida para esclarecer mejor su
conducta y el conocimiento de sí mismo.
La ruptura cultural. La cultura científica
invade la de las humanidades.
El desafío de la
complejidad.
A este abismo un segundo
desafío el de la complejidad, que encontraron las ciencias en el S, XIX. A fin
de este siglo, se entendía en el mundo científico que las ciencias se asentaban
sobre tres pilares de certeza:
1) orden, regularidad,
constancia determinismo absoluto
2) separabilidad (aislarlo
conceptualmente o experimentalmente, extrayéndolo de su medio de origen para transformarlo en un
medio artificial)
3) valor de la prueba
absoluta provista por la inducción y la deducción y los tres principios
aristotélicos que establecían la univocidad de la identidad y el rechazo de la
contradicción
Hoy estos tres pilares
están en estado de desintegración, porque se dieron cuenta que allí donde el
orden era rey en el mundo físico, existía en realidad un juego dialógico.
El desafío de la
complejidad reside en el doble desafío de la “religazón” y de la incertidumbre.
Hay que religar lo que estaba considerado como separado. Al mismo tiempo hay
que aprender a hacer jugar las certidumbres con las incertidumbres. El
conocimiento es en efecto una navegación dentro de un océano de incertidumbres,
salpicado de archipiélagos de certidumbres. Ciertamente, nuestra lógica nos es
indispensable para verificar y controlar, pero el pensamiento finalmente opera
con transgresiones a está lógica. La racionalidad no se reduce a la lógica,
ella la utiliza como un instrumento. La ciencia reconoció oficiosamente este
reto de la complejidad que penetra hoy en día en el conocimiento científico,
pero sin reconocerla todavía oficialmente.
El reto de la complejidad
se intensifica en el mundo contemporáneo porque justamente estamos en una época
llamada de mundialización, que yo llamo la era planetaria. Los problemas
mundiales actúan sobre los procesos locales que retroactúan, a su vez, sobre
los procesos mundiales. Responder a este reto contextualizando a escala
mundial, esto es globalizando, se volvió absolutamente vital, aunque esto
parezca muy difícil.
La respuesta a
esta ruptura
La religazón en el
corazón de la reforma del pensamiento.
La respuesta solo puede
provenir de una reforma del pensamiento, es decir de una reforma que
instauraría el principio de religazón, acercando lo que hasta el presente fue
concebido de manera disyunta y a veces repulsiva.
Los tres
principios de reaprendida por religazón
El problema de la
religazón des un problema de reaprendizaje del pensamiento que implica la
entrada en acción de tres principios:
1)
Bucle recursivo o autoproductivo que rompe con la
causalidad lineal. Este bucle implica un proceso donde los efectos y los
productos son necesarios a su producción y a su propia causación
2)
La dialógica que es un poco diferente de la
dialéctica. Es necesario en algunos casos, poner juntos los principios, las
ideas y las nociones que parecen oponerse las unas a las otras.
3)
Hologramático, en referencia al punto del holograma
que contiene casi la totalidad de la información que figura representa. No solo
la parte está en el too, sino que el todo está en la parte.
La reforma del
pensamiento es paradigmática
La reforma de la
estructura del pensamiento es de naturaleza paradigmática, es decir que concierne
a los principios fundamentales que deben gobernar todos nuestros discursos y
nuestras teorías.
Un paradigma de la
complejidad está fundado sobre la distinción, sobre la conjunción y la
implicancia mutua.
La misión de la
enseñanza dentro de este contexto
El aprendizaje de
la religazón.
La primera misión de la
enseñanza es aprender a religar, más aún ahora que se aprende demasiado a
separar. Al mismo tiempo es necesario aprender a problematizar. Van a la par.
El aprendizaje de
la coherencia a través de la complejidad.
Es la coherencia del
pensamiento complejo la que contiene a la diversidad y permite comprenderla. La
diversidad debe ser pensada basándose en la coherencia y la comprensión.
Esta religazón nos permite
a la vez contextualizar correctamente, reflexionar y tratar de integrar nuestro
saber en la vida. Por supuesto, esto no es una receta infalible para todo
problema. Estamos realmente en la incertidumbre. Sin embargo, existen
respuestas y estrategias contra ella.
La democracia
cognitiva y la reforma del pensamiento.
Edgar Morin
Los desarrollos
disciplinarios de las ciencias no han aportado solamente las ventajas de la
división del trabajo, también han aportado los inconvenientes de la
sobre-especialización, del tabicamiento y de la partición del saber. Este
último se volvió cada vez más esotérico (accesible únicamente a los
especialistas) y anónimo (concentrado en los bancos de datos) y luego
utilizando tanto por instancias anónimas como por el Jefe de Estado.
La desposesión del saber,
muy mal compensada por la vulgarización mediática, plantea el problema
histórico clave de la democracia cognitiva. La continuación del proceso
tecnocientífico actual, proceso por otro lado ciego, que escapa a la conciencia
y a la voluntad de los mismo científicos, lleva a una fuerte regresión de la
democracia.
Es imposible democratizar
un saber tabicado y esoterizado por naturaleza. Pero cada vez más posible
encarar una reforma del pensamiento que permita enfrentar el desafío que no es
encierra la alternativa siguiente: o bien, someterse al bombardeo de
innumerables informaciones que nos llueven cotidianamente por los diarios, la
radio, la televisión, o bien confiarnos a sistemas de pensamiento que solo
retienen informaciones que les confirman o que entienden, rechazando como error
o ilusión todo lo que los desmienta o les resulta incomprensible. Este problema
no se plante solo par el conocimiento el mundo actualizado día a día, sino
también ara el conocimiento de todos los hechos sociales y para el propio conocimiento
científico.
El problema crucial de
nuestro tiempo es el de la necesidad de un pensamiento apto a sobrellevar el
desafío de la complejidad de lo real, es decir retener los lazos interacciones
e implicaciones mutuas, los fenómenos multidimensionales, las realidades que
son a la vez solidarias y conflictivas como la misma democracia, que es el
sistema que se alimenta de antagonismos mientras los va regulando.
[1] Morin, E. “El pensamiento complejo como
alternativo al paradigma de simplificación”. Entrevista realizada por Nelson
Vallejo Gómez. Revista Complejidad, Año 1, nº 3, octubre-noviembre de 1997
Etiquetas: articulación, complejidad, paradigma, recursividad, reforma, religar, transdisciplinariedad

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